Soy como soy,
todo lo que doy
y allá donde voy.
Esté donde esté,
y esté como esté,
estoy;
y por ello, digo:
aunque pueda ser cansina,
ando siempre buscando
un beso o un abrazo,
y si hace falta,
un ''te quiero'' de quien me ame,
entre esquina y esquina...
La lucha por la libertad siempre deberá ir acompañada de empatía por los demás, amor a uno mismo y deseo infinito de igualdad y justicia total. Solo así se es libre. Vive [buscando tu felicidad] y deja vivir a los demás [como les plazca], sean hombres, mujeres o animales.
Versión de un poema de Aitor Cuervo Taboda
Para mi, Ella es caos y subversión,
un hacerle vaivén a mi corazón,
un hacerle bien con todo su amor...
Esta loca que afirma y que no miente
cuando dice y al mismo tiempo siente
que es de lo mejor que le ha pasado,
podría levantar versos al cielo,
con tal de que Ella viviera siempre con ella,
dejando aparcados los ratos,
y recordándole que sencillamente la amo...
Para mi, Ella es café y té a la vez,
un día me acelera, y otro me recuerda
que debo hacerle frente con tranquilidad a la vejez;
para mi, Ella es un montón de cosas,
que se mezclan y suficientemente no ahorcan;
puede ser lo que quiera,
pero solamente, para mi, sólo es Ella...
¡Yo más!
Me encanta ver cómo me amas,
y verme a mi como te amo,
vernos querernos, vernos soñando;
me encanta saber que te gusto,
adoro la manera en que te adoro;
me encanta que nos encantemos,
¡qué más da si yo un poco más
de lo que yo a ti te encanto!
y verme a mi como te amo,
vernos querernos, vernos soñando;
me encanta saber que te gusto,
adoro la manera en que te adoro;
me encanta que nos encantemos,
¡qué más da si yo un poco más
de lo que yo a ti te encanto!
Me gustas
Me gusta besarte
en la comisura de tus labios,
porque forman un pequeño monte,
suave y descarado, que los míos
no pueden dejar evitarlo.
Me gusta besarte
arriba de tus labios,
porque se ahonda un pliegue atrevido,
que no quiere más que moverse
cuando tu voz desarraigada me disfraza.
Me gusta besarte
debajo de tus labios,
porque los mios descubren que ahí
otro hueco ha matinado, y
totalmente discernido se deja ser besado.
Me gusta besarte
en tus cejas,
porque su textura es inolvidable,
y su color intocable, lo suficiente
para que a mis dedos hayan enamorado.
Me gustan tus labios,
y justo ese instante de ir a besarlos,
y el inmediato después cuando ellos
rozan los míos, y todos los de después
cuando amanece en tu boca un beso,
cálido y radiante.
*
Me gusta mirarte
tu sonrisa llana, y
cuando carcajea con voz sana
y llena todo el silencio
que a el mundo inundaba.
Me gusta saciarme
con el sabor de tu boca,
el sabor que me dejas en los labios
a los que dedicas tardes llenas de horas,
horas cortas.
Me gusta mirarte
cuando tu piel se desfoga de la ropa
y todo tu peso descanse sobre otra, pero
sin embargo, sean mis manos las únicas
en el paraje que te acogan.
Me gusta infiltrarme
en cada poro de tu cuello,
lamer el olor que llevan dentro,
tranquilizándote en un nuevo pueblo,
donde sólo inmortal reienes tú, y mi ferétro.
*
Me gusta besarte
en el ombligo, en la cadera,
donde ningún sonido suena, y
se amainan miles de colmadas carreteras,
de esas que dirijen a los deseos de tus banderas.
Me gusta besarte
en la nuca,
porque te eriza, te embolsa
todo ese fino bello que recubre
la espalda que mis sueños emborronan.
Me gusta besarte
las orejas,
porque en los lóbulos se mantiene la sangre
que te recorre el cuerpo de fiesta,
y arriba de ellas, por muy duro que sea, aún llega.
Me gusta besarte
en las piernas,
porque es como si caminara yo con ellas,
y es entonces cuando comprendo éso que dicen:
que la unión hace la fuerza.
Me gusta besarte
mientras me miras y, luego,
me besas,
porque no hay nada como saborear,
mirarlo, oler que me llega un beso, y
rozarnos los labios, y oír ese instante,
con los cuatro sentidos en la cabeza.
*
Me gusta saber que contigo
he podido saber aquello que llaman amar,
y que todo ello supone que,
juntas, podamos saltar,
cantar, soñar, volar,
reír, pintar, flotar y aterrizar
y sentir que ésto es único y verdadero,
que a veces no hacen falta cosas
como las que ahora mismo
estoy escribiendo; pero al tiempo
en el que vivimos, en esas horas
que marcan relojes, y esos minutos,
que gastan los compases,
mis sentimientos
no se esfumen, sino se intensifiquen,
y ver como todo aquello que sueño
con la persona que ésto está leyendo,
mujer de hermosura inamovible,
sana y apacible, como la orquídea que
lleva por nombre, me parece cada vez
más posible.
Todo ello pasa porque me gustas,
en todos los sentidos humanos y,
cuando acabo de hacer contigo lo que
puedo hacer un humano con esos cinco,
brinco de alegría porque descubro
algo no muy nuevo, pero que en este
sencillo y humilde poema aún
no había nombrado: me encantas, y luego,
te quiero, y luego, me fascinas, y luego,
te adoro y luego, lo mezclo todo y todo
éso junto, por ti, lo siento.
en la comisura de tus labios,
porque forman un pequeño monte,
suave y descarado, que los míos
no pueden dejar evitarlo.
Me gusta besarte
arriba de tus labios,
porque se ahonda un pliegue atrevido,
que no quiere más que moverse
cuando tu voz desarraigada me disfraza.
Me gusta besarte
debajo de tus labios,
porque los mios descubren que ahí
otro hueco ha matinado, y
totalmente discernido se deja ser besado.
Me gusta besarte
en tus cejas,
porque su textura es inolvidable,
y su color intocable, lo suficiente
para que a mis dedos hayan enamorado.
Me gustan tus labios,
y justo ese instante de ir a besarlos,
y el inmediato después cuando ellos
rozan los míos, y todos los de después
cuando amanece en tu boca un beso,
cálido y radiante.
*
Me gusta mirarte
tu sonrisa llana, y
cuando carcajea con voz sana
y llena todo el silencio
que a el mundo inundaba.
Me gusta saciarme
con el sabor de tu boca,
el sabor que me dejas en los labios
a los que dedicas tardes llenas de horas,
horas cortas.
Me gusta mirarte
cuando tu piel se desfoga de la ropa
y todo tu peso descanse sobre otra, pero
sin embargo, sean mis manos las únicas
en el paraje que te acogan.
Me gusta infiltrarme
en cada poro de tu cuello,
lamer el olor que llevan dentro,
tranquilizándote en un nuevo pueblo,
donde sólo inmortal reienes tú, y mi ferétro.
*
Me gusta besarte
en el ombligo, en la cadera,
donde ningún sonido suena, y
se amainan miles de colmadas carreteras,
de esas que dirijen a los deseos de tus banderas.
Me gusta besarte
en la nuca,
porque te eriza, te embolsa
todo ese fino bello que recubre
la espalda que mis sueños emborronan.
Me gusta besarte
las orejas,
porque en los lóbulos se mantiene la sangre
que te recorre el cuerpo de fiesta,
y arriba de ellas, por muy duro que sea, aún llega.
Me gusta besarte
en las piernas,
porque es como si caminara yo con ellas,
y es entonces cuando comprendo éso que dicen:
que la unión hace la fuerza.
Me gusta besarte
mientras me miras y, luego,
me besas,
porque no hay nada como saborear,
mirarlo, oler que me llega un beso, y
rozarnos los labios, y oír ese instante,
con los cuatro sentidos en la cabeza.
*
Me gusta saber que contigo
he podido saber aquello que llaman amar,
y que todo ello supone que,
juntas, podamos saltar,
cantar, soñar, volar,
reír, pintar, flotar y aterrizar
y sentir que ésto es único y verdadero,
que a veces no hacen falta cosas
como las que ahora mismo
estoy escribiendo; pero al tiempo
en el que vivimos, en esas horas
que marcan relojes, y esos minutos,
que gastan los compases,
mis sentimientos
no se esfumen, sino se intensifiquen,
y ver como todo aquello que sueño
con la persona que ésto está leyendo,
mujer de hermosura inamovible,
sana y apacible, como la orquídea que
lleva por nombre, me parece cada vez
más posible.
Todo ello pasa porque me gustas,
en todos los sentidos humanos y,
cuando acabo de hacer contigo lo que
puedo hacer un humano con esos cinco,
brinco de alegría porque descubro
algo no muy nuevo, pero que en este
sencillo y humilde poema aún
no había nombrado: me encantas, y luego,
te quiero, y luego, me fascinas, y luego,
te adoro y luego, lo mezclo todo y todo
éso junto, por ti, lo siento.
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