Preguntas que no se responden en un santiamén y que te destruyen la masa cerebral. Interrogantes que resucitan del anteayer y que no saben cómo actuar. Esfuerzo y palabras con profundidad y que a veces se fugan con tan sólo respirar, sin hacerse mirar, pareciendo que no se hayan sabido valorar. Momentos incapaces de olvidar. Futuro incierto que ansia prosperar, llegar...
¡Dispara!
Frágil como un soldadito de plomo pero valiente como el capitán del barco pirata más temido. Luchando en la guerra más salvaje para obtener la recompensa más dulce. Está descalzo, desnudo, manco, cojo, herido, desarmado... como siempre. Cree encontrarse en un pozo sin salida, está rodeado de puñales y escopetas, de fuego y llantos, de humo y niebla. Su mente se resiste al caos, sus ojos ven la destrucción, su alma pervive como un fantasma en la nada. Sin saber actuar, se arrastra entre el fango. Ahogado, alza la mano. Cierra los ojos y deja que el sudor resbale por su frente. No le importa que su dentadura se dañe al apretarla por el último esfuerzo. Sólo deja que se pare el tiempo... que su imaginación vuele al pasado y su esperanza, al futuro.
Los otros cruzan dedos mientras el herido luchador niega quedarse brazos cruzados. Esperan que no sólo tengan en cuenta los mapas y las palabras del capitán, sino también la sangre y el sudor derrochado en la batalla.