Quisiera haber nacido sirena
para navegar en tus ojos,
durante una vida entera,
durante un millón de primaveras;
haciendo sobre tus pupilas
un camino dulce
del café amargo que se pinta
hasta sus fronteras.
Quisiera ser tu sirena,
cantarte bajo la luna llena,
cuando fue solo nuestra;
embelesarte hasta posarte en mis piedras,
y que cantaras conmigo
una y dos y tres canciones
de los años ochenta.
Quisiera ser la sirena
a la que tuvieras más rabia,
porque capturarías mi cuerpo
y me expondrías en grandes peceras,
me observarías como a un ser extraño,
en que esos segundos se hicieran
y sin embargo, yo soñaría con el día
mucho, mucho más largos.
Quisiera haber nacido sirena
y que tus curvas formaran
un gran océano navegable solo
por mis aletas;
nadaría a contracorriente,
mojándome la cabellera por
tu agua que acogería como
mi única poción mágica,
y la bebería para saciarme
de toda tú, que eres lo que me encanta.