La lucha por la libertad siempre deberá ir acompañada de empatía por los demás, amor a uno mismo y deseo infinito de igualdad y justicia total. Solo así se es libre. Vive [buscando tu felicidad] y deja vivir a los demás [como les plazca], sean hombres, mujeres o animales.

Amor, asesino.

Amores que matan,
matan de sentimientos,
sentimientos que te gastan.
Gastando las fuerzas,
fuerzas para no dar un paso más.
Más y más debilidad,
debilidad hacia unos labios y una mirada.
Mirada que se posa en mis ojos,
y no al azar.
Azar no es cuando te digo:
te digo que te quiero porque siento.
Siento un error que he cometido,
he cometido un arresto con tu cuerpo.
Y por más que me arrepiento,
me arrepiento más por haberte dejado al viento.
Al viento, pero, ahora volaremos,
te lo prometo si nos seguimos.
Nos seguiremos amando solamente:
porque éso es todo y todo es ésto.

¿Qué vamos a hacerle? ¡Te quiero!

Ideas.

-Bueno... ya me irás llamando y así me cuentas cómo acaba todo, ¿eh? -- le dije a mi amiga mientras me despedía, dándole dos besándole sus mejillas-.

Desapareció por la esquina de una Calle Salvador nocturna. Sonreí y emprendí mi camino hacia casa. Hacia mucho frío, reposé mis manos en los bolsillos de mis pantalones y me subí la capucha de mi sudadera púrpura. Pasé por la rotonda donde una de las farolas centelleaba, me paré justo ahí. Miré arriba, la bombilla se encendía y se apagaba una y otra vez. No le dí importancia y dí un paso hacia delante. De repente, se fundió del todo. En el mismo instante que giré la cabeza hacia atrás para mirarla, noté algo que me rozaba mis heladas piernas. Miauuu... Era un gato. Me agaché un poco para acariciarle. Ronroneaba fuertemente cuando le espantó algún sonido, desconocido para mi, y corrió hacia un solar situado a mi izquierda.
Cinco minutos después seguía caminando. Crucé un puente de peatones situado por encima de una carretera muy traficada, escuchando música de mi mp3 mientras me planteaba qué podría hacerme para cenar mientras estudiaría para el examen de la próxima semana.
Entreví, a unos pocos kilómetros, unas lucecitas fosforecentes. La poli, pensé. Era habitual encontrarse, por esa zona, una patrulla de dos Policías Nacionales con uno de sus coches azules, agarrando un moderno fusil.
Ya pasaba a unos metros de uno de ellos; yo pretendía volver a cruzar otra calle que me llevaba directamente a mi barrio, pero llamó mi atención.

-¡Ey,ey! ¡Tú! ¡Párate! ¡Ey!

Lo miré por encima de mi hombro, dí un giro de ciento ochenta grados y me acerqué. Era un chico de unos veinte y poco años, con un cuerpo rudo y fuerte. Alzó la mano que no cogía el arma y me bajó la capucha sin ninguna discreción. Intenté no hacer ni un solo movimiento, ni en mi cuerpo, ni en mi faz. Me dediqué a contemplar su rostro.

-Identificación, chavala --me pidió bruscamente-.
-¿A causa de? -- decidí responder-.
-Identificación, te he dicho -- insistía-.
-No sin un porqué.
-Tengo la suficiente autoridad y derecho para pedirte tu identificación de buenas, señorita.
-Mi identificación... -- murmuré-.
-Exacto, tu DNI. Ya estás sacándolo -- vacilaba mientras daba un golpecito a mi brazo-.
-Y, puesto que es mi DNI, yo también tengo derecho de mostrarlo o no a un desconocido, ¿o no es así?

Fue entonces cuando se mostró más tenso. Agarraba el fusil con más fuerza y abría completamente los ojos mientras arrugaba el entrecejo. Al cabo de unos segundos, sonreía maliciosa y picaronamente, clavándome su mirada y analizándome detenidamente.
Yo, por mi parte, tan sólo me ceñía a mantenerme tan fría como al principio. Ni un movimiento en mi expresión. Simplemente observaba sus pupilas con seriedad.
Suspiró y se llevó la misma mano que con la que me había tocado a su gorra; intentaba colocársela y, de algún modo, intentaba perfeccionar alguna imperfección que no existía en su cabeza rapada. Se me estaba encarando, sin duda alguna, cada vez más furtivamente y con más fanfarronería, pero yo no lo permitiría.



(TO BE CONTINUED...)

La verdad:

Me dispongo a sangrar y sudar por un mundo mejor, ¿por qué no iba a hacerlo por ti?

Te quise, Te quiero y Te querré...

Si quisieras viajar del cielo a tierra y de tierra al mar construiría mil puentes para, con una sonrisa, verte zarpar. Y, si volvieras como regalo haciéndote oír con tu risa, eliminaría cualquier marca de fronteras para poder verte caminar cada día más cerca de mi carrera [sin prisas]. Porque siempre que seas tú quién me agarre la mano, no harán falta ni trenes, ni coches, ni barcos; pues, no sólo existirían en vano, negarían también una verdad absoluta: que tú eres capaz de mover Júpiter, Mercurio y Urano.

Frío.

Me gustaría que así no fuera, pero la realidad es que ahora eres tú quién me espera.
Me retas. Lograr lo imposible no es imposible para mi; las veces que lo conseguiría serían irrepetibles.
Me pruebas. No intentes probarme, soy capaz de convertir a cobardes en rebeldes, de helar el fuego o derritir paredes y acabar con los rehenes del único obstáculo que nos impide olvidar y avanzar: tus recuerdos, tu ira, tu vendetta... ¡Ésas son tus armas!
Tú me miras y Eros me aprieta, él sabe que tú complementas mi sujeto de esta oración compuesta.

Tú inspiras la irracionalidad de mis pasos.

Eres todo lo infinito,
lo que tú escribes, yo critico.
Eres mi sombra,
pero desearía que ni la Luna,
te separara de mi aura.
Eres el blanco de lo negro,
el agua del fuego,
la sonrisa de mi amargura,
el odio de un te amo.
Eres mi opuesto,
pero lo que por tí siento,
siento que no me lo explico.

Ignorancia de la juventud actual...

Era el día de las notas finales. A cada uno se le había entregado un resguardo con todas las medias ponderadas de cada materia. Yo estaba delante de mi aula, hablando con una amiga. Observé a un grupo ocho compañeros que había tenido en clase ese curso; comentaban sus notas y parecían enfadados. Cuando la chica con la que hablaba se hubo ido, me acerqué a ellos:

-¿Qué tal las notas, chicos? – pregunté con educación--.
-Pues bien, excepto Latín – comentó una chica--.
-Bueno, pero vosotros ya sabíais que os iba a quedar esa asignatura, ¿no?
-¿Qué insinúas? – me preguntó violentamente otro--.
-Claro, como que tú has estado empollando cada día y hablando con la profesora siempre que podías... – me reprochó otra compañera--.
-¡Chicos, chicos! – comencé yo-- Creo que habéis olvidado que se supone que estamos aquí para estudiar, así que no me echéis en cara que yo haya cumplido con mi deber moral.
-¿Deber moral? – dijo la misma que había respondido la primera vez--.
-Sí, porque no lo considero una obligación. Aunque, ¿qué os diré a vosotros? Habéis hecho lo que habéis querido durante todo este curso, nadie os ha obligado a nada porque nadie os ha obligado. El estudio, el aprendizaje, existe a nuestro favor; hay personas que lo aprovechan y otras que no. En clase, y fuera, sólo os quejabais de la profesora, cuando ella ha aprobado a mucho más de la mitad de los alumnos, así pues, no podéis culpar a esa persona.
-¡Nos tiene manía! – protestó una--.
-¡No enseña bien! – le siguió otro--.
-¡Es demasiado estricta! – y otro--.

Los miraba suspirando, sintiendo pena por aquéllos a los que se les come la pereza pero, una última frase de un compañero hizo estallar mis ideas hacia el mundo real:

-Nuestro futuro depende de nuestros profesores...
-C... ¿Có...? ¡¿Cómo?! ¡NO! ¡Tu futuro depende de ti mismo! ¡Es por eso que es tu futuro, es el tuyo; está en tus manos! Por favor, Marcos, no te dejes cegar ni engañar...

Murallas que protegen o se destruyen.

Imaginad que todos seamos como una muralla y, cada uno de nosotros, somos un ladrillo de ésta. Pero, esos ladrillos tienen un aspecto diferente entre ellos: ya sea el tamaño, la forma, el color... Deberíamos saber dónde vamos, deberíamos investigar nuestra posición. Imagina que viene una persona y te coloca a ti y a otros como tú en el lugar equivocado: la muralla se derrumbará.

Tú construyes tu futuro. Yo el mío. Él/Ella el suyo. Ellos/as los suyos. Vosotros y nosotros construimos el mañana.


No olvidéis que ser un rebelde no es sinónimo de ser un ignorante.
Aprender es liberarse y ésto mismo, rebelarse con racionalidad.

¡Poc a poc i bona lletra!

Aprender de grandes errores....

¿Imposible? ¿Qué es eso?

El miedo a fracasar, el miedo a la distancia, a la soledad, al rechazo y a la mala imagen son heridas en la mente de un soñador que le impiden lograr su sueño. Ese sueño se vuelve imposible de alcanzar cuando te auto-lesionas. Pero, ¿y si te despojas de esos miedos y te lanzas a la carrera más larga, competitiva, ruda y ardua que hayas hecho nunca? Entonces, no sólo no morirá el sueño, sino que dejará de ser imposible, porque estarás sudando por hacerlo real y te darás cuenta de la belleza que tiene la lucha por cumplirlo; y te darás cuenta de que el futuro está en tus manos o de que los sueños sólo mueren si muere el soñador.

Remarcando la extraña y particular palabra ''imposible'', se hace eco de que ésta resulta inútil en un diccionario, pues no parece existir la realidad que quiere definir. Sin duda, este adjetivo abstracto tiene miedo, pero no se enfrenta a su temor, sino que pervive con él en una autodestrucción cobarde.
No es posible que nada sea imposible, ya que lo imposible siempre será posible dentro del parámetro de posibilidad que se crea tu mente para todo o cualquier cosa, en forma de imposibilidad. Nunca digas nunca, y nunca dirás imposible.


Nos odiamos por no sabernos odiar.

No me importa el grado de masoquismo que habite en nuestros corazones; que todo se haga por lo que sentimos un día, por las risas encerradas en fotografías. Que hayas vuelto hace sentirme capaz de desear tenerte un día más... Y sé que esta vez todo podría cambiar.


Falacias de ayer, de hoy y de mañana.

Todo es una falacia, el mundo no sólo se compone de elementos químicos y naturales, sino también de farsas; todas ellas producto de su creación humana.

Si te digo ''abre los ojos'', bien sepas que quiero decirte: que nada ha nacido así, todo es producto de una evolución natural o ficticia, producto de la imaginación.

Que somos un compuesto de simples y minúsculos átomos, como la carta que se compone de letras o el álbum que se decora de fotos.

Que nada es verdad pero todo es realidad. Que no hay palabras, sino descripciones de todo lo que nos abraza en nuestro alrededor. Que todo lo que conocemos en un ahora, lo descubrieron en un ayer; así mismo, lo que aún está por descubrir será descubierto en un mañana.

Que esto es un paraje de todos, de todos porque todos somos uno. Que un hombre o una mujer es el mismo ser, sea del sexo que sea, sea de un habla, de un olor, de una(s) idea(s), de una religión, de un color, de la altura, del peso o la sonrisa que lo caracterizan.

Que no existe una única verdad y, tampoco una única especialidad.

No hay diferencia entre el todo y la nada ni entre lo posible y lo imposible.


Unos dicen que los polos opuestos se atraen, yo digo que, si lo hacen, es por redundancia, puesto que el blanco será negro del mismo modo que el negro fue blanco. Todo consta de un principio y un final; no hay nada que dure para siempre, ni nadie que nunca te abandone o abandones.

Nada tiene sentido, a menos que todo sea una broma de mal gusto.

ELLA. Bella.

La he admirado durante mucho tiempo... aunque sólo a distancia. La observaba desde las calles de allí abajo cuando era niña, porque ella me daba esperanza.

Incluso llegué una vez a hablarle: ''yo sé que tú acabarás un día con todas nuestras desgracias''. Ella nunca contestó como yo esperaba, pero nunca le dí importancia...

Tan sólo deseo ser un día como ella: seré inmutable, siempre que nunca deje de inspirarme, siempre que pueda darle las gracias por existir como la mejor brújula en mi, siempre que no deje de soñarla. Nosotras seremos siempre una.

Ella fue, es y será, la perfecta idea de ANARQUÍA... LA LIBERTAD.



-¿Y qué es lo que te hace seguir viviendo?
-Algo que he amado siempre, amo y amaré hasta mi muerte.
-¿Y qué es eso? Si puedo preguntar...
-Aunque no lo entienda, ese algo que siempre amaré es la libertad.

No es, aunque podría ser.

Si así fue, así puedo ser; si así fuera, así podría ser; pero como no es, no es.


No está permitido volar.

A todas esas mujeres sumisas, oprimidas, maltratadas o desilusionadas, a causa y bajo un poder machista generalizado por instituciones y dogmas religiosos tanto como por el Estado.

¿Os habéis culpado alguna vez como un ave encerrada en una jaula? ¿Deséais volar?
¿Por qué no podéis?
Responderse siempre a uno mismo es aprender de errores y hechos pasados; conocerse a sí mismo.
Leed pues, y sacad conclusiones:

El águila y el halcón:

Cuenta una vieja leyenda lakota que una vez llegó hasta la tienda del chamán más viejo de la tribu una pareja de enamorados cogidos de la mano. Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta, la hija del jefe y una de las más hermosas mujeres de la tribu. "Nos amamos", empezó el joven. "Y nos vamos a casar", dijo ella. "Y nos queremos tanto que tenemos miedo. Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán. Algo que nos garantice que podemos estar siempre juntos. Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Wakan Tanka el día de nuestra muerte. Por favor, ¿hay algo que podamos hacer".

El viejo los miró y le emocionó verles tan jóvenes, tan enamorados ... "Hay algo", dijo el viejo después de una larga pausa, "pero, no sé ... es una tarea muy difícil y sacrificada". "No importa", contestaron los enamorados. "Bien", dijo el brujo, "Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestro campamento?. Deberás escalarlo sola sin más armas que una red y tus manos. Y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Luego deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. Y tu, Toro Bravo, deberás escalar la montaña del trueno y, cuando llegues a la cima, encontrar la más brava de todas las águilas y solamente con tus manos y una red atraparla sin herirla y traerla ante mi, viva, el mismo día que vendrá Nube Alta. ¿Comprendisteis?". La pareja asintió y el anciano hizo el gesto indicando que no tenía más que decir. Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa, salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte y él hacia el sur.

El día establecido, frente a la tienda del Chamán, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas. El viejo les pidió que, con mucho cuidado, las sacaran de las bolsas. Los jóvenes enamorados lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo los pájaros cazados. Eran verdaderamente hermosos, sin duda lo mejor de su estirpe. "¿Volaban alto", preguntó el anciano. "Por supuesto, como lo pediste .... ¿y ahora?", preguntó el joven, "¿esperamos un sacrificio, hemos de matarlos, que hemos de hacer?". "No", dijo el viejo sabio, "hagan lo que les digo: tomad las aves y atadlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero. Cuando lo hayáis anudado, soltadlas y que vuelen libres". El guerrero y la joven así lo hicieron. Cuando soltaron a los alados, el águila y el halcón intentaron levantar el vuelo, pero solo consiguieron revolcarse por el suelo. Unos minutos después, frustradas, las aves arremetieron a picotazos entre si hasta lastimarse.

"Este es el conjuro: jamás olvidéis lo que habéis visto. Sois como un águila y un halcón: si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no solo vivirán arrastrándose sino que, además, tarde o temprano, empezarán a hacerse daño el uno al otro. Si queréis que vuestro amor perdure, volad juntos pero jamás atados".

El mundo es una farsa creada por el hombre.

Quizá somos gente corriente unidas por las mismas máscaras, o es que nos guste vivir en un completo vacío, o es que en el mismo disfraz personifiquemos a dos: al lazarillo y al ciego.
El ciego nunca verá cuántas uvas está comiendo Lazarillo; Lazarillo siempre será el miserable y frustrado niño capaz de vencer al ciego.

Sólo hay que esperar a que un Lazarillo te ofrezca la posibilidad de visionar; ver cómo te estampas contra un muro. Así que, no pierdas nunca el rumbo y, ni mucho menos, dejes que alguien te lo pierda o lo haga él por ti.

La Rage Du Peuple

En cuanto me despisté, la muchacha no sólo vacilaba a los agentes de la autoridad, sino que incluso les levantaba la mano. Uno de ellos la agarro del brazo, el otro le pedía documentación. No esperé ni un momento más, me acerqué a ellos.
- No seas idiota, no te rebajes a su nivel... --le advertí.
- ¿Acaso me tengo que quedar como una estatua delante de estos bastardos?
- Estos bastardos, y los otros, caerán en el suelo de rodillas y serán fusilados y tratados del mismo modo en que fueron tratados nuestros abuelos.
- Y... ¿no sería eso también rebajarse a su nivel? Aunque... aún peor, porque sería a venganza.
- No es exactamente venganza, es lo merecido... como cuando la Tierra gira y por la mañana una luz amarillenta y cegadora del Sol alumbra las calles y, al anochecer, la luz que nos ilumina es plateada, proveniente de la Luna.
- Es decir...
-... que tarde o temprano les llegará su merecido. -- dijimos a unísono.
- Exacto -- le aplaudí.

Una semana más tarde recordaba esta conversación entre rejas, a mi lado estaba sentada mi compañera de celda. Suspiró. La miré. Resbalaba una lágrima en su mejilla derecha mientras analizaba con detenimiento sus heridas, causadas por presión de nuestras manillas.

Nunca digas nunca y nunca dirás imposible.

Miró desolado la copa del árbol; sus frutos parecían pedir una recolecta inmediata. Por unos centímetros, sólo por unos pocos más, podría alcanzar cuál estrepitosa esfera dulce y roja; las manzanas que veía cada día al pasar por aquél camino. Nunca había pensado en hacer un esfuerzo por tenerlas en sus manos, pues podría ser que cualquier paso adelante cayera en la ignorancia del vano. Mas ese día no era como los anteriores, sentía que era el momento adecuado para hacerlo. Alzó la mano, levantó los talones apoyando las puntillas de los pies sobre el suelo fangoso. Le faltaba poco...

-¿Qué estás haciendo, muchacho? --le sorprendió un ruiseñor que miraba la escena desde hacía rato.
-Yo sólo...
-¿Por qué crees que ésta es tu manzana y no cualquiera de las otras? Mira ésta, – dijo haciendo un descriptible movimiento de pico hacía la otra pieza de fruta-- ¿no te parece que es más roja y grande?
-Pero señor ruiseñor, esa ha sido la primera que a mi atención ha llamado.
-¿Tu atención ha llamado a la manzana más alta y escondida del manzano? No debes tener mucho hambre, hombrecillo.
-Yo sólo sé que hoy tenía que coger esta manzana, no me pregunté por qué, ese fue mi objetivo desde que la vi por primera vez.
-Qué incoherencia... si precisamente es ésta la más inmadura, la menos gustosa, la más pequeña. ¡No entiendo tus intenciones, muchacho!
-No tiene importancia. No se moleste en entenderlo. ¿Me va ayudar usted a cogerla?

El ave cerró los ojos y movió sus alas, cuando las hubo abierto de nuevo, cantó. El niño no sabía si interpretar el cántico como respuesta. Tampoco supo cómo y porqué había llegado el pájaro a ese árbol intentando impedir su deseo.

-Señor ruiseñor, –apeló el chico-- ¿por qué no debería coger esa manzana?

Éste paró en seco el concierto y miró directamente a su derecha; la manzana del muchacho la tenía al lado.

-Pues bien, chiquillo, ¿no has oído nunca que los sabios adquieren forma de ave?
-Sí, ¿es eso cierto?
-¿Porqué no tendría que serlo? Yo sólo preferí plantearte si estabas verdaderamente dispuesto a optar por esa pieza en concreto y no en otra, y bien sepas que si lo hice, lo hice por algo.
-Estaba completamente dispuesto a cogerla hasta que sus palabras y su confortable presencia me han interrumpido, señor.
-Es entonces, que estás cuestionando esta manzana.
-Bien es, señor. Pues dice usted que tiene argumentos para aconsejarme a no llevarme ésa sino otra; mas, ¿cuál es ese porqué?
-Escucha con atención mis palabras, muchacho: he estado aquí toda la mañana y vi como un hombre, el propietario de este terreno, envenenaba las manzanas más dulces de la copa del árbol. Éste se hace conocer como Don Simón. Bien es sabido que Don Simón ha sido víctima de varios saqueos a sus manzanos durante la temporada del año de ahora y por eso es que ha optado por dicha solución. Así pues, haz lo que te plazca, pero una vez más los sabios han hablado.
-Señor ruiseñor, disculpe usted mi desconfianza. He tomado ya mi decisión, voy a tomar de las amargas para saciar mi hambre. Sea agradecido por mí.
-Es complacido el sabio con vuestra decisión, muchacho.

El niño continuó el camino comiendo una de las peores manzanas del manzano, conformándose con la amargura de ésta.
El ruiseñor, ya viéndose lejano el niño en el camino, arrancó la manzana más dulce y más bonita del árbol; la manzana deseada, la pieza que habría cogido él sino no lo hubiera engañado.

Horizontes, no playas; tampoco fronteras.

-¿Miras a algún lugar?
-Sí.
-¿Dónde? ¿Qué es? ¿Qué ves?
-La vida que nunca quise ver al revés.
-¿Quién está? ¿Qué pasa? ¿Por qué?
-Porque, sin duda alguna, nunca puedes comparar la realidad con una partida de ajedrez.
-Pero, ¿y si la realidad fuera ésa y no ésta?
-No insistas; volverías a caer en el juego de azar.
-¿Moriría otra vez?
-Limítate a mirar conmigo el horizonte. Ven. Ya.

Calma salvaje.

Cuando el león ruge fuerte, ha despertado de un largo sueño. Cuando el león mira impune al este y oeste, se siente inmune. Si el león, en vez de cazar mata, el fuego ha mezclado sentimientos, dolor de garganta y una amarga templanza.

Sabina en ''Amores que matan''

(...) Porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren...

''La pell freda'' de Albert Sánchez-Piñol

S'enganyava. La qüestió no era allò que podíem ensenyar-li,sino allò que podíem aprendre d'ella. El més devastador de tot era que, de fet, res havia canviat. Havíem estat paisatgistes que pintaven la tempesta d'esquena a l'horitzó. Només ens calia girar el cap, res més.

Tots els ulls miren, pocs observen, molt pocs hi veuen.

-Flooded OF Repentances-

¿Sabes? Estoy hastiada. Harta. Estoy harta de sentirme sola, estoy harta de perder a quien de verdad me valora, tan sólo por creerme las demagogias que algunos cometéis. Estoy harta de no comprender mi alrededor; de ver como chavales de mi edad sólo se preocupan por el presente, viviéndolo sin mirar a ningún otro lado, ni futuro. Estoy harta de vivir encadenada, de soñar e imaginar que podría vivir mejor, soy egoísta cerrando los ojos y contándome fantasías cuya única protagonista soy yo; por eso a veces me odio.
Estoy harta de saber que, con quién creo poder contar, no suelen estar cerca de mi persona cuando lo necesito. Estoy harta de sonreír mientras mi yo interior llora por dentro y el ego duerme en la cueva más honda de Groenlandia. En hielo, así estoy, helada. Helada, a veces cryéndome insensible, imperceptible, imperdonable, impensable. No domino sensaciones, ni sonrisas; soy una simple dueña de mi razón y por eso superpongo ésta a toda la realidad que me razona.

Pero, ¿sabes qué más? No sólo estoy cansada de todo éso. También me come el arrepentimiento.
Me arrepiento de haber tenido algo en poco tiempo y haberlo lanzado por un precipicio con una sonrisa maliciosa. Me arrepiento de no haber escuchado palabras que, por mucho que parecieran inverosímiles, eran tan tangibles como las paredes que me rodean.
Y, ahora.... ¿Ahora qué? Siempre reaparecen las cosas demasiado tarde. Ahora ya es demasiado tarde para decir que echo de menos esos abrazos, esas sonrisas, esas bromas, esas palabras... no sirve de nada; no sirve de NADA.

Cuándo aprenderé a no llorar en vez de aprender a pensar antes de actuar, me pregunto.

Y no. No puede ser.

Érase una vez... una poetisa cuya musa abandonó.
Y ahora la musa lee el último poema que escribió.
Y ahora la musa llora, grita y reacciona.
Y no. No puede ser otra vez.

[...]
Que tanta inspiración no es rara, se hace amena,
no es hierba, ni mentira, tampoco un chicle de menta.
Es amor. Amor pasado. ¿Y del pasado? Pasado queda,
aunque no quisieras que así fuera.

No es tan fácil.

Leo su escrito [...]
Y yo, respondiéndole, pienso: ¿Relativo? Dirás consecuente...
Y me voy, salgo recordando su frase. En el metro me invaden imágenes pasadas. Segunda parada para segundo transbordo. Pienso: aquí cogí yo una vez el metro llorando, el último dia. Llego a mi destino. Sentada esperando durante media hora. Empieza a hacer frío. Aparece....
[...]

-¿Qué te pasa?
-Nada.
-¿En qué piensas?
-En nada.
-¿Por qué lloras?
-No lloro.
-¿Estás...?
-Estoy bien; un poco cansada, quizá.
-¿Segura?
-Dé-ja-me, ¿vale?
-Vale... vale...

<< Te quiero >>, dices. Te miro y decido: no respondo (total, para mentirle a una niña...)
Regreso a casa resolviendo, con la respuesta verdadera, tu primera pregunta: ''Esa vez antepuse palabras a hechos. Tus palabras ante sus actos. Ahora el rincón que nunca fue valorado y que ocupaban entonces, está vacío. Así es que, ahora, antepongo los hechos a las palabras, porque éstos no existen en ''nuestro'' mundo. Éso es lo que me pasa, que estoy cansada de mentir, por eso no tengo nada que decir.''


SI, LA ECHO MUCHO DE MENOS.

He cometido un error.

''No soy responsable de lo que siento, pero si de lo que hago con ello.''

I miss you thought I don't wanna feel this...

Miradas fugaces que acuchillan,
risas frías y sonrisas congeladas,
actos inconscientes, llenos de ira.
Estoy en su punto de mira.
Pero en otros momentos
me pregunto:
¿porqué tanto autoengaño
y tanta nostalgia?
¿porqué siento melancolía?

Vivimos tanto, que no tengo lugar para guardarlo.

Como cuando pisas el fango y sientes tus pies hundiéndote y decides preguntarte si seguir pisando fango o cambiar de camino...
Las palabras se guardan en voces inolvidables, los momentos se fotografian en imágenes, las ideas se graban en la mente... pero, los sentimientos no tienen baúl y andan libres provocando el caos entre palabras, momentos e ideas.