La lucha por la libertad siempre deberá ir acompañada de empatía por los demás, amor a uno mismo y deseo infinito de igualdad y justicia total. Solo así se es libre. Vive [buscando tu felicidad] y deja vivir a los demás [como les plazca], sean hombres, mujeres o animales.

Ideas.

-Bueno... ya me irás llamando y así me cuentas cómo acaba todo, ¿eh? -- le dije a mi amiga mientras me despedía, dándole dos besándole sus mejillas-.

Desapareció por la esquina de una Calle Salvador nocturna. Sonreí y emprendí mi camino hacia casa. Hacia mucho frío, reposé mis manos en los bolsillos de mis pantalones y me subí la capucha de mi sudadera púrpura. Pasé por la rotonda donde una de las farolas centelleaba, me paré justo ahí. Miré arriba, la bombilla se encendía y se apagaba una y otra vez. No le dí importancia y dí un paso hacia delante. De repente, se fundió del todo. En el mismo instante que giré la cabeza hacia atrás para mirarla, noté algo que me rozaba mis heladas piernas. Miauuu... Era un gato. Me agaché un poco para acariciarle. Ronroneaba fuertemente cuando le espantó algún sonido, desconocido para mi, y corrió hacia un solar situado a mi izquierda.
Cinco minutos después seguía caminando. Crucé un puente de peatones situado por encima de una carretera muy traficada, escuchando música de mi mp3 mientras me planteaba qué podría hacerme para cenar mientras estudiaría para el examen de la próxima semana.
Entreví, a unos pocos kilómetros, unas lucecitas fosforecentes. La poli, pensé. Era habitual encontrarse, por esa zona, una patrulla de dos Policías Nacionales con uno de sus coches azules, agarrando un moderno fusil.
Ya pasaba a unos metros de uno de ellos; yo pretendía volver a cruzar otra calle que me llevaba directamente a mi barrio, pero llamó mi atención.

-¡Ey,ey! ¡Tú! ¡Párate! ¡Ey!

Lo miré por encima de mi hombro, dí un giro de ciento ochenta grados y me acerqué. Era un chico de unos veinte y poco años, con un cuerpo rudo y fuerte. Alzó la mano que no cogía el arma y me bajó la capucha sin ninguna discreción. Intenté no hacer ni un solo movimiento, ni en mi cuerpo, ni en mi faz. Me dediqué a contemplar su rostro.

-Identificación, chavala --me pidió bruscamente-.
-¿A causa de? -- decidí responder-.
-Identificación, te he dicho -- insistía-.
-No sin un porqué.
-Tengo la suficiente autoridad y derecho para pedirte tu identificación de buenas, señorita.
-Mi identificación... -- murmuré-.
-Exacto, tu DNI. Ya estás sacándolo -- vacilaba mientras daba un golpecito a mi brazo-.
-Y, puesto que es mi DNI, yo también tengo derecho de mostrarlo o no a un desconocido, ¿o no es así?

Fue entonces cuando se mostró más tenso. Agarraba el fusil con más fuerza y abría completamente los ojos mientras arrugaba el entrecejo. Al cabo de unos segundos, sonreía maliciosa y picaronamente, clavándome su mirada y analizándome detenidamente.
Yo, por mi parte, tan sólo me ceñía a mantenerme tan fría como al principio. Ni un movimiento en mi expresión. Simplemente observaba sus pupilas con seriedad.
Suspiró y se llevó la misma mano que con la que me había tocado a su gorra; intentaba colocársela y, de algún modo, intentaba perfeccionar alguna imperfección que no existía en su cabeza rapada. Se me estaba encarando, sin duda alguna, cada vez más furtivamente y con más fanfarronería, pero yo no lo permitiría.



(TO BE CONTINUED...)

No hay comentarios:

Publicar un comentario