La lucha por la libertad siempre deberá ir acompañada de empatía por los demás, amor a uno mismo y deseo infinito de igualdad y justicia total. Solo así se es libre. Vive [buscando tu felicidad] y deja vivir a los demás [como les plazca], sean hombres, mujeres o animales.

Ideas. (2)

Continuación de IDEAS

[...] Se me estaba encarando, sin duda alguna, cada vez más furtivamente y con más fanfarronería, pero yo no lo permitiría.

-Pero, ¿qué cojones estás diciendo, niña? ¿Quién te crees...? No, mejor, mucho mejor, ¿con quién te crees que hablas, chavacana? ¡Responde, valiente, responde!

Tenía la helada punta de la herramienta de matar en mi busto. La miré un segundo y volví a subir la mirada hacia aquel sujeto. Sonreí y volví a mi anterior faceta, seria, tan helada como el fusil, lo suficiente para ridiculizar al agente.

-¡Ah! Así que ironizas mi supuestamente no-existente valentía. Valiente, tú, hombre, valiente tú.
-¿Qué? ¿Cómo osas? Estás... muerta.
-Nada, nada... palabrerías absurdas de los típicos boca-chancla.
-¡Niña, irás a prisión, ahora mismo! Enseñáme tu carné, arrodillate ante mi y sácalo. ¡Venga, ostia, venga señorita sin miedo!
-Eh, eh... no sé qué pretende. Bueno, sí lo sé: pretende amenzarme con este cacharro de muerte. ¡Ay! Mi muerte en manos de un agente policial... ¡Qué bonito final! ¿Sabe? No siento miedo, no le tengo ningún miedo, señorito-que-trabaja-de-policía. Pues no es más que eso, un chaval que se creía sin futuro y optó por el Cuerpo de Policía Nacional. ¿Siente la bandera? ¿Sí? ¿Tanto como ella la siente a usted? ¿Cree defender el país? ¿Sí? ¿Tanto como el país le defiende a usted? ¿Cree traer justicia? ¿Si? ¿Es justo en una democracia matar a una chiquilla como ésta, aquí, ahora? Pero.. ¡no, no! no se me adelante, déjeme acabar: es tan persona como yo, no es superior a mi, por lo menos yo así lo veo. Pero, mire usted, mire --aquí sujeté el arma y la apreté con más y más fuerza, como si quisiera usarla como una espada conmigo misma-- máteme, máteme. No tengo miedo a la muerte a manos de un agente de la autoridad. ¿Por qué? Por que mi muerte serviría como una razón más para que mis compañeros siguieran luchando, abriendo los ojos a esta maldita sociedad caótica. Caos, usáis 'caos' en nostros, mas vosotros protegeis al verdadero caos, a los anticristos de este mundo... a los tiranos que le esclavizan a usted y a sus compañeros a defender su patrimonio. No existe movilidad por su parte, vosotros lucháis por ellos, y ésta es la gran diferencia que nos separa entre vosotros y nostros. Somos el mismo pueblo, los mismos pobres esclavos del capitalismo, somos humanos, tenemos las mismas capacidades, posiblemente tendremos algo en común o habremos leído un mismo libro... Pero yo y todos los demás son el PUEBLO en palabras mayores, no nos dedicamos a pegarnos entre nosotros, conseguimos plantar cara a los de arriba desde jóvenes, no recurrimos a parecer alguien ''mejor'' por huir de una miseria. Prefiero morir de hambre, prefiero morir luchando, prefiero morir después de que usted, y hace bien, me haya escuchado. Alé, ya he acabado: puede empezar a apretar el gatillo.

Entreabría sus labios, tenía la mirada fija en mi, entornaba los ojos. Pensé que parecía un loco, pero sudaba como si estuviera siendo juzagado ante el Juez Supremo. ¿Enjusticiar a una agente de la autoridad por palabras justas? Qué paradoja, pensé.
Bajó el arma, la tiró al suelo, pero me cogió de la sudadera con las dos manos, se acercó a mi oreja y me cuchicheó:
-Vete lejos, vete y haz lo que quieras, pero por lo que más quieras... ¡Vete ya y no vuelvas más por aquí!
-Déjeme y me iré --girando la cabeza así le contestaba entrecortadamente por el ahogo que me estaba causando--.
-Niña, vete y no vuelvas más, pero prométeme algo.
-¿Qué? --pregunté con gran asombro--.
-Escribe un libro, organízate, haz mítines, conduce al pueblo, sálvalos como tú puedas hacerlo...
-Yo nunca me rindo, ante nadie... Pero no voy a ser yo quien conduzca el pueblo, el pueblo se conduce colectivamente: nos conducimos hasta nuestra salvación. Si me deja...--me escusé y, él, escuchándome soltó mi sudadera-- ...me iré. Bien. No lo olvide. No este momento, no a mi, ésto puede perfectamente borrarlo, sin embargo nunca borre mis palabras, nunca borre mi despedida: podrán matar hombres, pero sus ideas no perecerán. Que le vaya bien en la vida, señor agente.

Sin más dilación avanzé con serenidad, seguía mi camino. Llegaría a casa para cenar, estudiar y dormir.

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