La lucha por la libertad siempre deberá ir acompañada de empatía por los demás, amor a uno mismo y deseo infinito de igualdad y justicia total. Solo así se es libre. Vive [buscando tu felicidad] y deja vivir a los demás [como les plazca], sean hombres, mujeres o animales.

Nunca digas nunca y nunca dirás imposible.

Miró desolado la copa del árbol; sus frutos parecían pedir una recolecta inmediata. Por unos centímetros, sólo por unos pocos más, podría alcanzar cuál estrepitosa esfera dulce y roja; las manzanas que veía cada día al pasar por aquél camino. Nunca había pensado en hacer un esfuerzo por tenerlas en sus manos, pues podría ser que cualquier paso adelante cayera en la ignorancia del vano. Mas ese día no era como los anteriores, sentía que era el momento adecuado para hacerlo. Alzó la mano, levantó los talones apoyando las puntillas de los pies sobre el suelo fangoso. Le faltaba poco...

-¿Qué estás haciendo, muchacho? --le sorprendió un ruiseñor que miraba la escena desde hacía rato.
-Yo sólo...
-¿Por qué crees que ésta es tu manzana y no cualquiera de las otras? Mira ésta, – dijo haciendo un descriptible movimiento de pico hacía la otra pieza de fruta-- ¿no te parece que es más roja y grande?
-Pero señor ruiseñor, esa ha sido la primera que a mi atención ha llamado.
-¿Tu atención ha llamado a la manzana más alta y escondida del manzano? No debes tener mucho hambre, hombrecillo.
-Yo sólo sé que hoy tenía que coger esta manzana, no me pregunté por qué, ese fue mi objetivo desde que la vi por primera vez.
-Qué incoherencia... si precisamente es ésta la más inmadura, la menos gustosa, la más pequeña. ¡No entiendo tus intenciones, muchacho!
-No tiene importancia. No se moleste en entenderlo. ¿Me va ayudar usted a cogerla?

El ave cerró los ojos y movió sus alas, cuando las hubo abierto de nuevo, cantó. El niño no sabía si interpretar el cántico como respuesta. Tampoco supo cómo y porqué había llegado el pájaro a ese árbol intentando impedir su deseo.

-Señor ruiseñor, –apeló el chico-- ¿por qué no debería coger esa manzana?

Éste paró en seco el concierto y miró directamente a su derecha; la manzana del muchacho la tenía al lado.

-Pues bien, chiquillo, ¿no has oído nunca que los sabios adquieren forma de ave?
-Sí, ¿es eso cierto?
-¿Porqué no tendría que serlo? Yo sólo preferí plantearte si estabas verdaderamente dispuesto a optar por esa pieza en concreto y no en otra, y bien sepas que si lo hice, lo hice por algo.
-Estaba completamente dispuesto a cogerla hasta que sus palabras y su confortable presencia me han interrumpido, señor.
-Es entonces, que estás cuestionando esta manzana.
-Bien es, señor. Pues dice usted que tiene argumentos para aconsejarme a no llevarme ésa sino otra; mas, ¿cuál es ese porqué?
-Escucha con atención mis palabras, muchacho: he estado aquí toda la mañana y vi como un hombre, el propietario de este terreno, envenenaba las manzanas más dulces de la copa del árbol. Éste se hace conocer como Don Simón. Bien es sabido que Don Simón ha sido víctima de varios saqueos a sus manzanos durante la temporada del año de ahora y por eso es que ha optado por dicha solución. Así pues, haz lo que te plazca, pero una vez más los sabios han hablado.
-Señor ruiseñor, disculpe usted mi desconfianza. He tomado ya mi decisión, voy a tomar de las amargas para saciar mi hambre. Sea agradecido por mí.
-Es complacido el sabio con vuestra decisión, muchacho.

El niño continuó el camino comiendo una de las peores manzanas del manzano, conformándose con la amargura de ésta.
El ruiseñor, ya viéndose lejano el niño en el camino, arrancó la manzana más dulce y más bonita del árbol; la manzana deseada, la pieza que habría cogido él sino no lo hubiera engañado.

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