Quizá somos gente corriente unidas por las mismas máscaras, o es que nos guste vivir en un completo vacío, o es que en el mismo disfraz personifiquemos a dos: al lazarillo y al ciego.
El ciego nunca verá cuántas uvas está comiendo Lazarillo; Lazarillo siempre será el miserable y frustrado niño capaz de vencer al ciego.
Sólo hay que esperar a que un Lazarillo te ofrezca la posibilidad de visionar; ver cómo te estampas contra un muro. Así que, no pierdas nunca el rumbo y, ni mucho menos, dejes que alguien te lo pierda o lo haga él por ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario