Leo su escrito [...]
Y yo, respondiéndole, pienso: ¿Relativo? Dirás consecuente...
Y me voy, salgo recordando su frase. En el metro me invaden imágenes pasadas. Segunda parada para segundo transbordo. Pienso: aquí cogí yo una vez el metro llorando, el último dia. Llego a mi destino. Sentada esperando durante media hora. Empieza a hacer frío. Aparece....
[...]
-¿Qué te pasa?
-Nada.
-¿En qué piensas?
-En nada.
-¿Por qué lloras?
-No lloro.
-¿Estás...?
-Estoy bien; un poco cansada, quizá.
-¿Segura?
-Dé-ja-me, ¿vale?
-Vale... vale...
<< Te quiero >>, dices. Te miro y decido: no respondo (total, para mentirle a una niña...)
Regreso a casa resolviendo, con la respuesta verdadera, tu primera pregunta: ''Esa vez antepuse palabras a hechos. Tus palabras ante sus actos. Ahora el rincón que nunca fue valorado y que ocupaban entonces, está vacío. Así es que, ahora, antepongo los hechos a las palabras, porque éstos no existen en ''nuestro'' mundo. Éso es lo que me pasa, que estoy cansada de mentir, por eso no tengo nada que decir.''
SI, LA ECHO MUCHO DE MENOS.
No hay comentarios:
Publicar un comentario