A veces mirando el cielo cuando queman las nubes, ocurren cosas repentinamente. En otros casos, aparecen. En este caso, apareció irremediablemente. Entonces, te planteaste cómo alcanzarla. Es alada, vuela; se te escapa de las manos. Huyen las oportunidades que tienes para tenerla. No es que la quieras para ti, es que la quieres contigo. Te digo, envíale mensajes de humo. Ella, sin embargo, sigue su camino sin mirar atrás. Y ahora, le podrías darle aire o regalarle un soplido pero no sueñes, perderías horizontes mientras sigas preguntándote si es demasiado tarde. Sólo te queda gritar su nombre y recitarle esas poesías cantadas a destiempo.
Que aún le quedan trescientos cincuenta y cuatro kilómetros de camino y puedes hacerte un trozo siguiendo su rumbo.
Quizá, sólo quizá, cuando llegue a su destino se dará cuenta que hubo alguien -pies en suelo- que contempló su vuelo, fijó su mirada en los colores que le había dado la naturaleza y... deseó tenerla más cerca para alimentarla con sonrisas, abrazos y lágrimas. ¿Continuarás mirando el cielo? εϊз
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