Buenos dias tenga mi princesa,
buenas horas pase cuando duerma,
ria y coma.
No me importa si usted me riñe,
si se enfada o si me ahoga;
tan sólo sáquele provecho
a lo que voy a escribirle ahora:
sepa ud. que su sonrisa
enamoró a una persona,
sepa ud. que desde entonces
rie y canta como una cotorra;
bella doncella,
¿sabría decirme cuántos por ud. imploran?
Yo solo sé que hay una persona
que en medio del oceáno buscaría
el brillo de sus ojos
y el carmesí de sus labios,
tiene el orgullo de amarla
y el valor de a cualquier cosa hacerle frente,
para llevarla siempre en proa;
dice que no es más que una persona
que por su amor gasta treinta minutos de una hora
en prepararle esta rima,
que siga la retórica y las reglas de la lírica
(no todos se preocuparan
por escribirle según las normas),
para que cuando ud. la reciba,
fuere cuándo fuere,
recuerde quién es ella
y que esa misma persona
nunca va a dejarla (a ud.) sola.
Y como regalo a la autora,
no me regales ni flores ni rosas,
prefiero ver cómo me sofocan una de sus bromas,
cómo una de sus sonrisas, mi princesa,
tanto me sonrojan.
¡La amo con locura, mi señora!
No hay comentarios:
Publicar un comentario