Mis dedos recorren tu seda sediente,
el olor se impregna en cada ropaje,
y en mi.
Tu dulce textura me regala calor,
y tu piel y la mia comparten,
por unos minutos,
el sudor.
Como un sello dos piezas rojas
buscan territorio en mi país,
de norte a sur,
de oeste a este.
¿Encuentras el mundo que
buscas tú?
Recorres cada paraje
con protección y hojas perennes,
que caen buscando
nuevos paisajes
en los que seguir navegando.
El sabor de la brisa,
del mar y del aire,
invitan a catar;
¡y así atrapas la esencia
de mi alma enamorada!
Alcanzando cénits y montañas,
donde los relojes no paran,
pero sólo estamos dos.
Y te me amarras, y
yo nunca te suelto,
para sonreírme, amando
--repitiendo--
excursiones como ésas;
insólitos lares humanos,
tan intensos como livianos.
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