De acuerdo, no lo niego:
me sonrojan todas esas cosas,
me gusta verte la cara
tu inteligencia y las guarradas que hablas,
las noches locas bajo tus sábanas.
Recuerdo a todas horas tus besos,
y, sí, no lo niego:
me empapo en deseos de empaparte,
mojar mis dedos en ti, porque
derrapar en tus curvas es un frenesí.
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