De noche y día,
Agua se suelta el pelo en las cascadas.
Y, cuando me hace compañía,
crecen en tierras silvestres flores suicidas.
En cada día amanece todo el tiempo e intento,
esparciéndola en mi cuerpo, hacerla mía,
y Espiga haciendo cosquillas a Viento,
oyendo excavar el cielo música melancolía.
Agua habla sin cesar y nunca se repite,
es Espiga cuando Viento la ve y se derrite.
Nuestros gusanos serán grandes mariposas,
si Agua sigue aceptando mis rojas rosas.
La noche acaricia nuestros ojos,
yo, Viento, amo cuando Espiga se posa,
y, posándose en el viento, nos
hacemos nuestro, sin intento, el tiempo.
Fluye el río recordando momentos, y
los pececillos mandan besos lentos
para que el Rosal los haga eternos, y
no dejen sus palabras en tinteros.
Ayer Agua vida o Espiga energía,
unida a Viento, como un sólo talento
de ejército en un triunfal levantamiento,
de Rosal en invierno ambos ejercían.
Son Rosal que extraña sus hojas en invierno:
Juntos somos un conjunto de rosas, que
hiervien haciendo un perfume de ciruelo,
que nos acompaña llevando en trosas el suelo.
¡Ah! Rosal, ¿dónde os mudais?
Yo, Viento, he estado construyendo,
para Agua, sobre cimiento, un lugar
que los humanos envidiarais.
Yo, Espiga, créedme si miento,
no a Viento, sino a los demás,
si digo que, en ese nuevo lugar,
no me quería quedar.
¡Oh, vos, Espiga! Yo, Viento,
no deseo otra cosa más,
que conmigo, amándome,
para siempre os quedaráis,
de noche de día,
y que nos llamaran Rosal de
agua-espigas y vientos del desierto.
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