No vivimos sujetas a días, vivimos de nuestros momentos. Tampoco nos basamos en bastas palabras, inventamos nuevos ejemplos.
No somos vulgares, no somos ni simples ni breves: tan sólo el alma-carne de dos corazones que laten; estando en lugares distintos o en mismos parajes, viendo un futuro lleno de colores, instante a instante.
No tenemos alas, tenemos piernas que se esfuerzan por caminar el mismo camino, no por llegar a un máximo destino porque éste ya esté escrito, sino porque sabemos que deseamos que sea infinito.
Conocemos el menú perfecto para nuestro paladar, también para el que nuestra piel nos suele planear, también las palabras que nunca solemos evitar.
Dicen que el corazón se forma en base a dos lágrimas del revés, yo lo veo como si fueran sus labios ordenados, como siempre atrayéndome, con sumo interés.
Y sé que nada es perfecto, y por eso quizá deba decir que lo nuestro es imperfecto, pero si me permites afirmarlo, diré que dentro de lo imperfecto, nuestro amor es el más perfecto que pueda haber; y el único del que a diario deseo beber.
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