Desde lejos yo te miro, tus
pómulos parecen:
dos rosas amarillas, por aire ya
descritas.
Aquí lejos veo en tu imagen, las
brisas que tus rasgos merecen.
Me acerco y yo suspiro, mas los míos
enrojecen,
y se tornan en campanillas que en
mi estómago florecen.
Póstumas mis ganas de verte;
mi sosiego inerte,
al no tenerte, y recordar tu tacto,
de seda sediente.
Yo espero que me respondan, tus
pómulos crujientes.
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